Y me pasaba el día como un prisionero, trena del pensamiento, rondando frases oscuras entre ideas muertas en desconcierto. Supe, de escribir sobre las sábanas, adormecidas migajas al pie de la recámara. Al igual, sentado en el sillón de la sala junto a la hoguera imaginaria. Fueron horas marchitas donde se quemaron mis ansias, se volvieron sombras, alargadas siluetas que de mí lentamente escapaban.
Una mancha, un mundo que me quedó pequeño, no por gustos ni capricho, sino porque volar fue igual a estrellar los sueños contra los tabiques de las ánimas. Esas que pintadas, frente a mis ojos de escultor, eran gemas, grafías, cobrando la forma más extraña.
Esperando por ser guiadas. Y mientras más falsas, para mí, más vivas estaban...
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En escarpelo, como rugido del trueno, haciendo eco en el encierro con el registro de un grito desbocado. Mi mano agitada con su único atuendo, la pluma y un papel amarillento. Rasgaba la superficie de la fuente hasta verla derramar, resonante en la cabeza de un trovador quién conducido como maldición llenaba el libro hasta la última página.
Sin pausas, exageradamente amplias eran las imágenes emanadas, perdidas, rogando por ser rescatadas. Cual espejo, reflejaban el dolor de quién recitaba, vestimenta de las cuatro paredes y la única ventana, la mente, denodada representación de una gran mancha.
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¿Y para qué?, inmolar la vida que quedaba, ya se hubo convertido en cenizas y perdido en los confines de la nada, aquello que fui y no volveré a ser. La misma huella que me condujo al reencuentro conmigo mismo, sin decir por qué, ni dónde, ni para qué. Solo sugiriendo que la libertad estaba en medio de las palabras y que entre la muerte y el amor se encontraban los temas más profundos capaces de enmudecer a una mente humana.
¡Fue como escribir contra mí mismo!, fue como un arma cargada apuntando a mi alter ego. Teniendo que verlos caer, uno a uno, víctimas de la poesía oscura que los mantuvo unidos como hilo de plata. Lo que dio vida a su sentir y su pena, su virtud y su desgracia. Surreal, la opaca voz inaudible entre bosquejos que miran hacia el futuro por ser inmerecidos de asumir una forma inmaculada.
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Un vacío tan grande imposible de llenar, porque al igual que el viento se lleva las palabras y las hace volar más allá adonde nunca pensaron que se harían escuchar. Un alma transparente que aglutina oscuridad entre runas. Amor, entre versos diseñados para curar el alma, personajes creados de la nada, emparentados siempre con algún ser que pisa la tierra y se identifica con las líneas reveladas.
Un final, escrito de la forma menos pensada. Cuando el mensaje y el mensajero solo se ocultan en las mansiones del alma para no ser tocados por el tiempo, ni ser transformados por la continua magia.
Al igual que la primera vez que hice un trazo en el papel. Fue génesis de mi mundo imaginario como manantial, emergiendo de la oscuridad rumbo a su encuentro con la luz.
Amorfo, trena del pensamiento, cobrando el lírico de insondable origen a partir de una mancha en un lienzo...
FIN
Todas las imágenes son del autor