La noche del eclipse vio la silueta de su dueño iluminado por los rojizos rayos de luna, lanzó ladridos crepitantes en el horizonte. Arawi lo tomó en sus brazos y le dio de beber. Mientras, abrillantaba la fortuna que había logrado recuperar. No era oro, era más valioso.
En la madrugada Arawi cantó al viento, a sus otros tótems y a los ancestros, puso al cuello de Chiruki el collar de cuarzos rosas, blancos y grises. Había llegado la hora.
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Gracias por visitar mi blog, soy Critica de arte y Investigadora Social, amante de la cocina. Te invito a conocer más de mi, de mi país y de lo que escribo Esta publicación ha sido escrita y documentada por mí y las imágenes utilizadas son de mi propiedad, tomadas con Sansung SM-A225M.